Tema 2. La Península Ibérica durante la Edad Media.
La Edad Media en la Península Ibérica fue significativamente diferente a la del resto del mundo, debido a dos procesos cruciales: la invasión árabe, que llevó a la creación del reino de Al-Ándalus, y la Reconquista, el proceso mediante el cual los cristianos fueron recuperando el territorio perdido. Estos eventos fueron decisivos para la historia de España, ya que propiciaron una mezcla de culturas que se convirtió en una de sus principales señas de identidad.
1.La invasión musulmana y el reino de Al-Ándalus.
A lo largo de este punto, analizaremos las distintas fases por las que atravesó la Península Ibérica durante los casi ochocientos años de presencia musulmana. Se observarán períodos de expansión y períodos de retroceso, y es importante tener en cuenta que estas etapas ocurrieron de manera paralela a la evolución de los reinos cristianos en el norte.
1.1. Conquista y emirato dependiente (711-756).
La llegada de los musulmanes a la Península Ibérica fue resultado, por un lado, de la crisis interna de la monarquía visigoda, y por otro, del movimiento expansivo del Islam iniciado en el año 634.
En el año 711, durante el califato Omeya, tropas compuestas por árabes y bereberes, lideradas por Tarik – lugarteniente de Muza– y apoyadas por el gobernador visigodo de Ceuta, el Conde Don Julián, cruzaron el estrecho de Gibraltar. Estos aliados de los enemigos de Don Rodrigo, último rey visigodo, derrotaron al monarca en la batalla de Guadalete, lo que provocó el colapso de la debilitada monarquía visigoda tras su muerte. Esto facilitó una rápida ocupación de la Península, prácticamente sin resistencia, ya que los musulmanes contaron con el apoyo de los visigodos descontentos y la pasividad de la población hispanorromana.
Los musulmanes se mostraron tolerantes hacia los cristianos y judíos, a quienes respetaban como "gentes del libro", según el Corán.
El rápido avance musulmán fue detenido en las montañas cántabras durante la batalla de Covadonga (722). Aunque no fue de gran importancia para los musulmanes, tuvo un enorme significado para los cristianos, pues aseguró la independencia del pequeño núcleo de Asturias.
El territorio peninsular conquistado se incorporó al imperio árabe de los omeyas de Damasco, constituyendo un emirato dependiente del califa de Damasco, con Córdoba como su capital.
1.2.Emirato independiente (756-929).
Abderramán I, joven príncipe de la familia Omeya, logró escapar de la matanza de toda su familia a manos del fundador del califato abasí. Refugiado en Al-Ándalus, supo aprovechar la sublevación de los bereberes, descontentos con el reparto de tierras hecho por los árabes, y se puso al frente de ellos. Con su liderazgo, derrotó al gobernador de Al-Ándalus y se hizo con el poder.
Como consecuencia de su éxito, Abderramán I proclamó el emirato independiente de Al-Ándalus, desvinculándose políticamente del califa abasí de Bagdad, aunque mantuvo el respeto a su autoridad religiosa. Sin embargo, sus sucesores enfrentaron diversos problemas internos, lo que llevó al abandono de los territorios situados al norte del río Duero, ya que resultaba difícil mantener su control. Fue en este contexto que los cristianos del norte comenzaron un lento avance hacia el sur, proceso que se conoció como la Reconquista, obligando a los musulmanes a retroceder gradualmente hacia el sur de la península.
1.3. El Califato de Córdoba (929-1013)
Al llegar al emirato, Abderramán III tuvo que enfrentar tanto los graves problemas internos como los conflictos externos provenientes del norte de África. Una vez superados estos desafíos y pacificado su territorio, se proclamó califa o jefe de los creyentes, rompiendo con la autoridad religiosa del califa de Bagdad. Así, en el año 929 se inició el Califato de Córdoba.
El establecimiento definitivo de Abderramán III como califa implicó una importante reorganización del ejército. Para consolidar su autoridad y mantener el control sobre su territorio, fomentó el comercio y estimuló la cultura y el arte. Construyó la majestuosa ciudad de Medina Azahara en las afueras de Córdoba, como residencia personal. Durante su gobierno, Córdoba se convirtió en la principal ciudad de Occidente.
Tras la muerte de Abderramán III, el califato entró en una profunda crisis. Sus sucesores, Al Haken II y Hisham II, lograron mantenerlo a pesar de enfrentar serias dificultades.
Al final de este período, surgió la figura de Almanzor (conocido como "el victorioso por Dios"), un poderoso caudillo militar que ejerció el poder en nombre del califa Hisham II. Almanzor recuperó gran parte del prestigio perdido a través de sus incursiones en territorio cristiano, conocidas como razias. Sin embargo, tras su muerte en el año 1002 en la batalla de Catalañazor, donde fue gravemente herido, el califato de Córdoba pronto comenzó a desintegrarse.








No hay comentarios:
Publicar un comentario